Publicado en el diario Hoy el 16 de febrero de 2019
Quienes tuvimos la suerte de
observar absorto el milagro exotérico de ver aparecer una imagen en un papel
bañado por un líquido, nos quedamos prendado del milagro de la fotografía
analógica, cuando revelaba en mi cuarto oscuro, mis hijos solían bajarse para
ver aparecer aquello que unas horas antes había estado en la más absoluta
oscuridad en el carrete y el tanque del revelado. En aquella época la
fotografía era poco manipulable, salvo cuando algún político quería quitar de
la escena a quien luego quitaría la vida, todos conocemos el caso de como Lenin eliminó a Trotsky.
Hoy en día todo es más fácil,
hacer fotos, publicarlas, manipularlas…; las imágenes se han multiplicado por su
enésima potencia por aquello de todos querer captar el momento y no disfrutar
de él, lo que le ha quitado cierto valor al mundo de pintar con luz.
Aquellos que conocemos el mundo de
la fotografía debemos saber elegir el
objetivo, la velocidad, el diafragma y otros parámetros para que el resultado
sea el deseado. Estos últimos días hemos tenido buenas muestras del saber de
aquellos que practican el fotoperiodismo, como siempre me gusta poner ejemplos,
pondré algunos.
Este lunes pasado toda la prensa
recogía imágenes de la manifestación del pasado domingo en Madrid, parece ser
que alguna de las imágenes estaban manipuladas por aquello de querer engordar
los números, no tengo imagen objetiva ya que no estuve allí, primero por no
habérseme perdido nada; y segundo, tampoco tengo bandera con palo para ondear,
aunque las respeto, y a lo mejor más que quienes la vapulean a los cuatro
vientos. Allí se retrataron tres “periodistas”, en horas de descanso
profesional, leyendo alegatos; pero sin duda la imagen más representativa de
aquel fugaz momento, es la que con un gran angular se captó a los líderes
organizadores del evento, en ella se puede observar como alguno intentó salirse
fuera de foco, pero ¡ay!, la fotografía digital tiene esas cosas, que por mucho
que achuches a la izquierda, y como ya no tenemos a Lenin con su dedo borrador,
¡zas!, le retratan con el más extremoso de la derecha; en este caso estuvo bien
elegido el objetivo.
Otra imagen periodística más
cercana en el tiempo y en la perspectiva, se ha producido con lo que se conoce
como «juicio al “procés”», que no entiendo que así se titule, pues según mis
entendederas, lego en asuntos de togas y puñetas, no se juzga algo intangible,
sino los hechos que realizaron los interfectos; tampoco comprendo el excesivo
tiempo que llevan en prisión preventiva. La foto que bien podría ser en blanco
y negro, capta el momento en que los acusados, no todos, se giran para dar
pleitesía a quien más que parar el revelado de la imagen, la está dejando
demasiado tiempo en la ampliadora, con el consiguiente peligro de
sobreexposición. Este problema que no es comparable con el de Bittori y Miren,
pienso debe ser solucionado como aquel, apartar las togas y ponerse en mano de
algún relator, si fuera preciso.



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