Publicado en el diario Hoy de fecha 2 de marzo de 2019
Tupío tengo el cartapacio sobre el asunto que más va ocupar y preocupa
estos meses, y como de ello
habrá hasta la «jartura», tiraré de papeles de la
cartera sobre algo que da más goce, la defenestrada Cultura.
Tenía este pregonero ganas de darse un atracón de espectáculos de
escenas, y como el cine y teatro dan para elegir, me decanté por una comedia, algún drama, y una tragedia.
Hablando de comedias, ha sido la película «Tiempos después» la que más
me ha hecho disfrutar últimamente; situada en el año nueve mil y pico en el cual sigue habiendo
parados que quieren hacer la revolución y apoderarse del mundo de aquellos que son
empleados y sociedad estructuradas. Mal va a seguir la cosa si todavía por
aquellos entonces andamos discutiendo aquello de los galgos y los podencos. Me
resultó extraño que en aquella sesión solo hubiera seis espectadores en la
sala, ¿sería culpa del precio? La película bien merece una reflexión sobre el
futuro que vamos a dejar.
Los dramas, me lo suministraron dos películas; la primera visionada en
la Filmoteca de Extremadura en Cáceres, el documento titulado «El silencio de
otros» refleja la lucha de los familiares de aquellos que aún durmiendo el
sueño de los justos por la defensa de sus ideales, sus restos no han conseguido
el descanso y lugar que merecen.
Imaginando que podría haber problema para conseguir una localidad, nos
adelantamos y allí estuvimos tragando en algunos momentos salivas para no
exhalar un suspiro de rabia y dolor. Hasta la última butaca ocupada, tanto es
así que en la presentación se prometió un segundo y tercer pase en fechas
próximas.
El drama en la segunda película es el que acompaña a quienes teniendo
una opción sexual distinta a la normalizada por aquellos que no quieren ver
otras opciones, además proceden de capas sociales donde este asunto es tabú;
bajo el título de «Carmen y Lola», dos mujeres adolescentes de raza gitana se
enfrentan a sus familias para romper con los preceptos establecidos y dejar
atrás unos barrios marginales en la gran ciudad para bañarse en un mar de
libertad e ilusión. La película fue proyectada en el ciclo de «cine solidario
en Cáceres» lo que hizo que con precios más asequibles la sala estuviera llena
¿sería culpa del precio?
Tendría que haber terminado con la comedia para dejar buen sabor, pero
si todo lo anterior puede generar sentimientos, es la tragedia, en este caso,
la que más me encabrita.
Y la tragedia viene como consecuencia del cierre, que se veía venir,
de la «Sala Maltravieso-Capitol», siempre que cae un espacio donde la cultura
es su empeño, la desdicha se adueña de la sociedad.
Lo último a lo que asistí en el antiguo cine Capitol fue una
representación teatral titulada «Un
encuentro con Miguel Hernández», la representación terminaba con la elegía que
Hernández le dedicaba a su paisano Ramón Sijé; sirva este verso: «y siento más
tu muerte que mi vida» como elegía por un espacio cultural.


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