El porqué de Poste Cabildo

El Poste Cabildo es un pilar que sustenta dos arcos porticados de la Plaza de Garrovillas de Alconétar. En tiempos fue lugar donde se reunían los muchos clérigos de la villa para tomar decisiones. Algún tiempo después sostenía las espaldas de los jornaleros que esperaban el dedo apuntador para conseguir un jornal. Yo quiero que este Poste sea lugar para mis reflexiones, compartidas o no, e invitaros a criticarlas.


sábado, 19 de enero de 2019

Mi déficit social



Este pregonero tiene un déficit social, que se manifiesta y agudiza principalmente durante estos días pasados, cuando en las comidas navideñas con cuñados la discusiones alimentan, en muchos casos, tanto como las viandas; no es que no tenga cuñados, pero la distancia, en este caso, hace que justifiquemos el quedarnos cada uno con los más próximos, tanto en lo kilométrico como en lo sentimental, ¡y yo, con mi tara!
Y claro, ese saber si uno tiene razón, o no, en los asuntos con enjundia con el que cada día nos desayunamos, no parece que sea con nuestra santa con quien tengamos que ponernos en un brete, así que llegado este momento me encuentro psicológicamente necesitado de exponer mi parecer para engordar o enflaquecer mi ego.
El momento llegó, y qué mejor oportunidad que en una de esas cenas “pos-opíparas” con esos amigos con los que se puede disfrutar de comer, beber y cuestionar con moderación, tratando asuntos que con los parientes podría ser necesario usar el «Almax forte», pero que en este caso, aparte de lo que alimenta por el gaznate, también enriquece y alimenta el intelecto.
No empezó este año mal la cosa, cervecitas y aceitunas al modo anfitriona, todos repanchingados en esos asientos que son más bajos aún que las “tazascló” y que llegado el momento cada vez cuesta más levantarse, pero se consiguió.
Paso a mesa alta con tapete y servilleta de trapo, todo un lujo hoy en día; si la anfitriona nos deleitó con las olivas, a él no hay que pedirle explicaciones sobre los caldos; después del correspondiente pernil con sabor a pueblo, un surtido de ensaladas y marinados de esos que ya le hubiera gustado al Carlos aquel de Yuste que la gota le hubiera entrado por ellos. Entre botella de denominaciones de aquí y de allá se va calentando la cosa, y ahí, es donde entra el tratamiento a mi déficit social, «la discusión».
De las cuasi cuatro horas que estuvimos en amor y compaña, que además no nos hizo falta darnos el correspondiente amigo invisible, ya que preferimos los visibles, que yo recuerde nadie tuvo la necesidad hacer uso del móvil: ¡conseguido!
Entre los asuntos cuestionados, no se hablo de trenes, uno ocupó el mayor tiempo y la temperatura alcanzó punto de ebullición; la cuestión era que si los jóvenes de hoy tienen más o menos cultura que los comensales, hubo de todo, se llego a cuestionar si la raíz cuadrada que aprendimos en los bachilleres la hemos necesitado luego en nuestro día a día, se comentaba que hoy se lee y escribe más que antes, pero peor; la síntesis era que los de humanidades y filosofías estaban por un lado y los de ciencias y matracas por otro.
Al final la sangre no llegó a Ribera del Marco, el anfitrión tuvo que hacer como Jesús en Caná, tirar de bodega, pero mi déficit social, que era lo importante, quedó curado, de momento.
Solo se levanto la voz para decir: «Alexa, pon a Armando Manzanero».

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