Publicado en el diario Hoy de fecha 25 de mayo de 2019
Un sábado más toca abrirme en canal, a ustedes aguantar mis peroratas, y a todos reflexionar sobre lo que otros llevan más de cuatro año discerniendo si son galgos o podencos.
Vengo más que reflexionado de mi último ejercicio espiritual, que no quiere decir que venga confesado en el más estricto significado de adoctrinamiento.
Durante unos días seis amigos seis, a modo y manera de cartel taurinos, nos hemos retirado voluntariamente donde La Mancha se abre como las madres lo hacen para dar nuevas vidas, y nos ha mostrado tanta belleza que careciendo de todo contacto con el mundo tecnológico, no lo hemos echado en falta.
Durante esos días hemos paseado por veredas en las que los vastos campos nos mostraban todavía la paleta de colores primaverales -esa que en tierras donde nacían los dioses ya está en decadencia- mezclando los verdes de las viñas con los encarnados de las amapolas y los ocres de los campos posíos; nos hemos nutrido e hidratado con mesura y viandas propias de Alonso Quijano, aunque
nos faltaron los duelos y quebrantos de aquel; hemos visitado la tierras donde se cantó la “Balada del abuelo Palanca”; pisamos la celda de aquel que tuvo refriegas encarnizada con su rival, dedicándole aquel popular soneto satírico a su apéndice olfativo, allí estaba el camastro donde un ocho de s
![]() |
| Placa a la muerte de Quevedo |
eptiembre descansó, si es que era posible descansar en tal catre; hemos dormido a pata la llana sin que nada nos «despacientara», solo el canto de un callo, que no debía tener actualizado su software por la falta de cobertura, «kikireaba ad libitum» sin tener en consideración al vecindario; y hablar, hemos hablado mucho y de todo, solamente nos estresamos cuando en una conversión buscábamos sinónimos de memez, patraña y embuste, eso que ha llenado prensa, radio y televisión estos días, y al tirar del diccionario digital, léase móvil, nos recordaba que estábamos, no apagados, pero sí sin cobertura, al final nos salió la palabra: paparruchas.
Cuando necesitábamos contactar, por aquello de poner en conocimientos las nuevas buenas a los nuestros, teníamos que buscas el lugar apropiado para conseguir esas tres rayitas sin las que andamos como aquellos personajes de Saramago en «Ensayo sobre la ceguera», igual que otros se han pasado buscando esos mismos días el asentimiento en forma de papeleta para, según su saber y entender, administrarnos.
![]() |
| Campo manchego |
En La Calera manchega, lugar del recogimiento, he compartido mesa con quien lucía la zamarra blanca de su equipo para compensar la que él me proporcionó a rayas azules y granas; entre los seis no hay objetivos, debe ser por eso que los acaloramientos de las disputas lo reparan un buen vino y un poco de queso.
Más difícil lo van a tener quienes entrenan curso político como sigan con la actitud del primer día, los listos corriendo a coger el mejor sitio como primero de la clase, y en filas más postreras los menos atrevidos y novatos.
Hablen señorías, aunque tengan zamarras distintas, y si hace falta, tómense un vino.



No hay comentarios:
Publicar un comentario