El porqué de Poste Cabildo

El Poste Cabildo es un pilar que sustenta dos arcos porticados de la Plaza de Garrovillas de Alconétar. En tiempos fue lugar donde se reunían los muchos clérigos de la villa para tomar decisiones. Algún tiempo después sostenía las espaldas de los jornaleros que esperaban el dedo apuntador para conseguir un jornal. Yo quiero que este Poste sea lugar para mis reflexiones, compartidas o no, e invitaros a criticarlas.


sábado, 27 de abril de 2019

Alea iacta est


Publicado en el diario Hoy con fecha 27 de abril de 2019

En tiempos del cónsul Petrus el Altus y con motivo que sus cuestores no consiguieron recaudar los denarios suficientes para mantener la República de Hispania según su saber y entender, ordenó renovar a senadores y censores.
Y mientras judíos y cristianos celebraban sus Pascuas, encargó a senadores y censores que preparan sus cuadrigas para, recorriendo las calzadas romanas, visitar las provincias de la Hispania y convencer a la plebe a que fueran loados y mantenidos en sus puestos bajo dádivas y promesas.
Pero Petrus que mantenía su cetro apoyado por parte de sus lictores, se vio obligado a exponerse en público y salir a la palestra para batirse con sus oponentes.
Pensó el cónsul que llevando a sus enemigos al teatro, ya que él manejaba parte de la tramoya, y donde la obra a interpretar debería de mantener los cánones de comedia, el resultado sería de su total beneplácito; pero resultó que los oponentes se habían preparado sus papeles con la intención de que le costase tanto como si cruzase el Rubicón, y así tuvo que acceder a verse nuevamente en combate, en esta ocasión para batirse con ellos en el anfiteatro, la plebe quería más sangre.
Se quitaron máscaras y disfraces para saltar a la arena pertrechados con las armas y las defensas propias de los duelos a muerte de los gladiadores.
Allí se presentaron, previo pregón público, los cuatro: Petrus el Altus, Paulus de Pallantia, Albertus Tarraconensis y Saulo no de Tarso.
Petrus, que defendía el puesto de cónsul, saltó a la arena con un tridente como única arma con la intención de mantener alejados a los enemigos.
Paulus de Pallantia, que en la obra teatral se había mantenido como actor secundario, e instigado por sus lictores, se defendía con arco y flechas con la intención de mantener la distancia con Albertus y herir de muerte a Petrus.
Albertus eligió la red y el tridente, la primera para envolver y convencer principalmente al público asistente, y el tridente para ir asentando golpes mortales a izquierdas y derechas con el fin de mantenerse erguido en la arena.
La sorpresa la protagonizó Saulo que se presentó sin protección alguna; como arma, solamente una tablilla encerada y un punzón a modo de estilo con el que iba apuntando y leyendo aquello con lo que rebatía cada uno de los ataques, no solo los que a él le asentaban, que fueron pocos, si no que se convirtió en el árbitro del combate disparando versos a todo aquel que intentaba hacer más daño del que él estimaba necesario.
Como la tragicomedia anterior no había satisfecho ni a la plebe ni al público de la ima cávea, el espectáculo, que debía ser una exposición técnica y táctica de sus poderes, se convirtió en un cuerpo a cuerpo que dejó la arena más manchada de inmundicias de lo que podía esperar el pueblo.
Eso sí, al término de la lucha los gladiadores obligaron al populacho a reflexionar una jornada completa, cuando quienes debieran reflexionar eran ellos.

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