Quienes hemos vivido varias Nochebuena y alguna que otra buena noche, tenemos en nuestros recuerdos de todo, como en botica; a medida que pasamos las hojas del calendario los sentimientos van siendo encontrados, por una parte vienen a nuestros recuerdos quienes ya no están presente, pero que sí se hacen notar estos días más que el resto del año, por contrapartida vamos incorporando a quienes se han sumado a nuestras andanzas, dichosos nosotros que aún recordando a aquellos disfrutamos de los venidos.
Para este pregonero las Navidades comenzaban siempre son el sonsonete
monocorde de este día, veintidós de diciembre; era habitual escuchar a los
Niños de San Ildefonso con su letanía del número de la bola sacado acompañado del
premio correspondiente. Mi padre, que habitualmente tenía el aparato de radio
encendido, este día no lo hacía, le gustaba la sorpresa del día siguiente
delante del periódico correspondiente; luego era un ir y venir de vecinos a que
le mirara Diego si le había tocado algo. Ese era el día en el que todo comenzaba
a ser más alegre, aunque la salud fuera el reparto general entre los mortales;
las casas empezaba a oler a turrón, polvorones y a anís, se solía preparar una
bandeja con los dulces típico de la época para agasajar a las visitas, bandeja
que al final terminaba siendo un lodazal de turrones derretidos sobre los que
nadaban las «pelaillas», los piñones y la fruta escarchada; los carteros comenzaban el reparto de
felicitaciones de familiares y amigos, los mayores preveían los preparativos para que las comidas fueran
algo distintas del resto del año, los jóvenes adecentaban las casas donde se
recibiría el Año Nuevo…, todo parecía ser más blanco, incluso sin nieve.
Ahora con la inmediatez que nos da internet, muchas de esos recuerdos,
que no tienen por qué ser añoranzas, han pasado a ser sustituido por los
propios de estos tiempos; así tenemos los números de la lotería a la vista en
el momento, hacemos las compras a toque de teclado, podemos ver la Navidad de
Singapur, vemos nuestros buzones electrónicos llenarse de mensajes con los
mejores deseos de “Paz y Felicidad”, incluso de quienes no sabíamos nada desde hace
un año…; todos nos dejamos influir por ese ambiente festivo y cándido que nos
transmiten quienes tienen intereses en ello, que no diré yo de que tipo son.
Cierto es que hemos tenido la suerte de ir viendo los cambios que se
han ido produciendo sin que nosotros nos hayamos percatado del salto producido.
Propio también de estas fechas son esos propósitos que quien más quien
menos pone como inicio primero de año: dejar de fumar, hacer ejercicio,
quitarse ese bocado que se va adosando, más por los años que por lo comido, a
nuestro alrededor…; pero esto es nuevo, hemos pasado de los volver a casa por
Navidad a casi prohibirnos los langostinos, el cava y los turrones.
Solo están invariables los deseos de salud de hoy a falta de los
premios, así sea.


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